lunes, 6 de noviembre de 2017

Una bici en la cima del Kilimanjaro

El Parque Nacional comienza a dar permisos para llegar sobre dos ruedas la cima de la montaña más alta de África (5.895 metros)



A Juanito Oiarzabal, la montaña le ha dado tanto como lo que ha perdido en ella. Convertirse en 1999, tras coronar el Annapurna, en el primer español y sexto del mundo en completar la ansiada lista de los 14 ochomiles le reservó una línea destacada en los registros históricos del alpinismo. La amputación de los dedos de los pies en 2004 después de perderse bajando del K2, la embolia que sufrió el año pasado en el Dhaulagiri, que una vez más estuvo a punto de costarle la vida, y ver morir a ocho amigos han sido esos peajes que sin embargo no le han apartado de los caminos que suben a las cumbres. A los 61 años, el montañero vasco sigue mirando hacia arriba. La próxima primavera pretende retomar el proyecto de convertirse en la única persona que holla dos veces las 14 cimas, una colección en la que le faltan repetir los cromos del Dhaulagiri, Nanga Parbat, Broad Peak y Shisha Pangma, lo que elevaría a 30 el número de sus ascensiones a estos gigantes, un listado en el que ya tiene, con 26, el récord mundial. Y mientras prepara la mochila, su nombre sigue asociado a recorridos que, visto su historial, a más de uno le hace pensar aquello de “la última locura de Juanito”. Como la de este domingo, cuando subió una parte en bicicleta al Kilimanjaro, el techo de África (5.895 metros). Aunque con muchos matices importantes: se trataba de una bici eléctrica, tan de moda ahora, que ayuda al pedaleo y disminuye el esfuerzo, y en un amplio tramo del ascenso tuvo que echar pie a tierra porque el terreno no es apto para las dos ruedas. Como comentaba el propio Oiarzabal después del descenso, una vez de vuelta ya, solo el 25% de esta ruta es ciclable, por lo que buscará nuevas alternativas.


La cumbre tanzana es considerada la montaña más alta que se puede subir en bici, algo así como el Everest de los ciclistas, aunque hasta hace poco los permisos que concede el Parque Nacional del Kilimanjaro para ascenderlo en bicicleta eran muy limitados. Hoy en día, estos permisos comienzan a popularizarse, símbolo una vez más de cómo las grandes cimas, como sucede también en mayor medida con el Everest, se han convertido en un foco de negocio.